viernes, 9 de noviembre de 2018

ENTREVISTA A LA POETA ALBA MURÚA (BUENOS AIRES)

ESCUCHA EL AUDIO:
https://www.youtube.com/watch?v=IBvKeBbCGuA

                      (Foto: Martín Alejandro Biaggini)

POETAS ARGENTINOS: ENTREVISTA CLAUDIA AINCHIL. PRODUCCIÓN CAMILA SUNICO. OPERACIÓN TÉCNICA: BCNRADIO. LOS MARTES DE 20 A 21 HS. POR LA RADIO DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LA NACIÓN http://bcnradio.com.ar/

ALBA MURÚA (BUENOS AIRES)

Horas que escurren su callado hastío
falsas olas que hunden el barco de papel
y las ranas que saben su destino
de juguetes malévolos…
La inundación y el jazmín del país 
que toman por asalto mi cabeza
y mi viejo perro capturado
frente al espanto de los siete años
también las azucenas salvajes
que fueron y volvieron sin desdicha
lo innombrable y se me va el torrente
sin saber muy bien qué es esto

Lejos del Paraíso, 2015

HERENCIA 

La circunvalación 
de mi rodilla derecha
produce
un crujido nítido.
Le diría
que mi padre
cojea
pero se niega
al bastón
y la kinesiología
es para él
un país de tormentos.
Quedó anoche abierta 
la ventana
pero no es eso:
son los genes
esas cositas inútiles
que llevamos al sillón
del psicólogo
con la vana esperanza
de olvidar
cierta ternura
o tanto
silencio.

(En Malapalabra)

AMAZONA VENCIDA

Dásela
no la dejes llorar así
dásela/ dámela
y reís mientras el chorro tibio
te bañaba la cara
Podés alimentar  a unos trillizos
decías
sin saber
lo que es caminar encorvada
a los doce
soportar al libidinoso vecino que te mira
hambriento
sentirte
carne
de cañón
desechable
sin alma
destinada al manoseo
y después
a la bolsa negra de basura
en un baldío
dásela, me decías,
no la dejes llorar
ya llorará mucho después
cuando crezca
sobre todo si es niña
y sale a vos
tendré que comprarme una escopeta
y ni siquiera así…
Esos perros la acechan desde la cuna
en que caen mis lágrimas
junto a la leche desde
el desconsuelo de la violencia
y esas ganas de
tomar una faca afilada
y cortarme de un tajo la derecha
Amazona del siglo XXI
para apuntar mejor
y clavarles flechas envenenadas en los ojos
para que no te miren más
Dásela
aunque todo arda 
y Tinelli proclame  que somos todas putas
yo sé bien lo que es 
avergonzarse  por el tamaño
de lo que tendría que haber sido
orgullo de mi género
y no este miedo atroz 
cuando la mamografía no sale bien
porque son demasiado grandes
sabés

Dásela
al menos que sonría
mientras pueda.
Alto Guiso, poesía matancera contemporánea, 2017

YEMANYÁ


Hoy no te celebro, Señora, 
tu fuente se ha perdido en esta herida:
él era un ser de tierra suelta
surco abierto y doliente
Era viento entre álamos que ceden
hasta la acequia que arrastró su risa
No me engañás con celeste manto
ni dulces altares
Sus pulmones se anegaron
entonces
no te honraré, no
Te doy la espalda  
Blasfemo sumergida en la arena
de este desierto sin orillas

(Inédito)

CIERTA VEZ 

Jota canta a los dientes que caen
a la minuciosa destrucción de lo que somos
o creemos que somos:
allí me reflejo
Desde un video Chico susurra
Oh qué será
o ahora que labios orejas y tanta arruga
golpean mi memoria que se astilla
todo es espejo.
Cierta vez probé el manjar de coco en Río
o nos bañamos desnudos en Ilha Grande
Pero hoy todo no es más que fragilidad
y crujir de huesos
aunque quizás
la sierra azul invoca melodías
más parpadeo de ciruelas
Llega entonces tu voz desde otro
 tiempo
delicia que se disuelve
lentamente
en nuestra lengua 
muda

(Inédito)

----

Cuando mi casa
se 
derrumbe
y
mis huesos
abonen
la verde 
hondura
del día,
todavía 
estará 
el lago
reproduciendo
la ternura
de las piedras

Lejos del Paraíso, 2015



jueves, 1 de noviembre de 2018

ENTREVISTA A LA POETA EUGENIA CABRAL (CÓRDOBA)

ESCUCHA EL AUDIO:
https://www.youtube.com/watch?v=7DIAO0vKxPk&feature=youtu.be


POETAS ARGENTINOS: ENTREVISTA CLAUDIA AINCHIL. PRODUCCIÓN CAMILA SUNICO. OPERACIÓN TÉCNICA: BCNRADIO. LOS MARTES DE 20 A 21 HS. POR LA RADIO DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LA NACIÓN http://bcnradio.com.ar/

EUGENIA CABRAL (CÓRDOBA)

Interior

Nadie me espere en miércoles ansioso.
Estaré sólidamente a solas 
por regiones antediluviales.

Iré dibujando en los huesos de mis pies 
las sandalias de caminar hacia la muerte.

Llevo el semblante sereno y solitario 
como un árbol que aguarda en la planicie.

                                (De El buscador de soles, Ed. de la Municipalidad de Córdoba,1986.)

Hay cuatro calles en la ciudad donde vivimos que, en sentido anti-horario, son: al Sur, la calle del cementerio, de donde vienen los vientos fríos; al Este, la calle de las oficinas públicas, que nos veda la salida al mar; al Norte, la calle de los mercados, hacia donde parten las caravanas; y, al Oeste, la calle de los pecados, hacia donde crece la ciudad…
(De Iras y Fuegos. último Reino, Buenos Aires, 1996)

lo bruto, lo invisible

Toma de mí           lo impuro
como si fuéramos primos a la hora
de la siesta 
mientras las madres duermen  su
soledad de casadas  
cuando despierten          apenas transpiradas 
con el vestido un tanto arrugado  
serán los ángeles de la cálida merienda  
aeromozas del Paraíso          esclavas dulcísimas      
de los niños  

entonces no nos lavaremos las manos 
para que las tostadas se impregnen  de
olor a sexo 
y el dulce de leche y la manteca 
guarden sabor a pezones  
toma de mí         sólo lo puro  
la transparente sombra de mi sexo 
sobre la tierra

                                (De Cielos y Barbaries. Alción Editora, 2004)

T a b a c o

La rabia dura lo que el cigarrillo.

Luego el humo y la ceniza esparcen

la desmerecida forma de lo que ha sido.
Arder. Arder como la brasa ambigua
que no es llamarada ni es ceniza;
entre secuencias de orden y desorden
arder; arder cual perfume de maderas;
cual ocaso –furia postrer del día-
arder; en pausas de la informática,
detrás de los envases descartables,
con un sexo torpe entre torpes manos,
arder. Como sólo el fuego puede arder.
Como pasión y soledad pueden arder.
Astro perdido en la jungla del cielo
tornando a una casa y a unos padres,
arder. Solícitamente, en honor de un amante,
arder. Ofrecer la transparencia y pretenderla
cada vez con menos fuerza y eficacia.                                           
Arder. En el templo de los bárbaros.                                                  
Arder, tan tenue como sea posible,                                                                                                                                              
ante la fatiga de la mirada. Encender
los rubíes de la culpa entre el lodo funeral
y las arenas donde el hedor de lo muerto
sobrevive (¿para qué?) sin condena ni justicia.

En el horno de los bronquios se caldean
la sinrazón de existir abominando
y el humo: símbolo de olvido e impotencia
de querer retener lo que se esfuma
-antes eterno, ahora fugitivo-,
breve danza de amor entre los dedos,
ocaso que arrastra el cuerpo del día
-iluminado de amor- a oscura gruta,
para escandir las formas de la noche
cual sílabas de un poema revelado.
                      (De Tabaco, Editorial Babel, 2009)
 
La voz herrumbrosa 

Sobre la tierra del patio,
mañanas como países condensados en racimos:
pequeñas naciones verdes y floridas,
minúsculas pampas de tréboles
y –en la habitación trasera-
el jardín zoológico de mis gatos,
jilgueros nerviosos y perros adoptivos.
Todo el mundo de la infancia converge
hasta que la sed nos doblega la espalda
y el sueño (boxeador experto) nos cubre la boca
con una toalla deshilachada,
que apaga un tanto la sed de estar solos.

Tantas veces has creído
que no volverías a ver la luz del día,
que no remontarías la punta de tu dedo
fuera del borde de la ventana
y, ahora, como si nadie te mirase,
encuentras –demorados en el patio-
la brevedad de la tarde, el cansancio
y la huella de salitre que ha calado las paredes.
Sin embargo, no es coherente,
¡si estás muy lejos del mar,
de los salitrales, de toda salina!
¿De qué manera el salobral
podría carcomer los revoques de tu casa,
las punteras de tus zapatos?

Mas, aunque dudes, ahí estás,
comprobando la improbable huella,
el salivazo despiadado
de una sal que no escogiste.

(De La voz más distante, Pan Comido Ediciones, 2016)

miércoles, 31 de octubre de 2018

ENTREVISTA A LA POETA CELIA SARQUÍS (CATAMARCA)

ESCUCHA EL AUDIO: https://www.youtube.com/watch?v=QQl6L--cDDg&feature=youtu.be


POETAS ARGENTINOS: ENTREVISTA CLAUDIA AINCHIL. PRODUCCIÓN CAMILA SUNICO. OPERACIÓN TÉCNICA: BCNRADIO. LOS MARTES DE 20 A 21 HS. POR LA RADIO DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LA NACIÓN http://bcnradio.com.ar/

CELIA SARQUÍS (CATAMARCA)


De “Y LE TIRA LA LENGUA A LA MEMORIA”

Deberías estar aquí
que esta alegría es triste
a pesar del esfuerzo.

Mi vientre crece
y tú no te ríes,
mi ombligo se estira
y tú no puedes verlo.

Madre,
Vuelvo a ser una niña
que le teme a lo oscuro
y de tanto pensarte
creo
que te haré nacer de nuevo.

Con la fecundidad
redonda de mi cuerpo
te envolveré
con todas las fuerzas de mi vida.

  
Sacudo a baldazos
la noche
para que se vaya más rápido
y ato en las puntas de un pañuelo
al viento
así no estorbe el día.

De entre las piernas del monte
abiertas
nos saldrá el sol
y recién duchado el verde
tendrá algo de niño.

Yo digo que es entonces
cuando descanso
porque pienso y siento
mientras mis manos van
hacia las cenizas
para hacer de nuevo
el fuego.


Rueda una distancia entre
mis manos y las uvas.

Abajo
el mar es eso que una vez vi
y no olvidaré nunca.

Yo estoy acá, en las montañas.

Arriba
el sol nos estruja
cuchicheándonos espinas
en los poros.

Yo estoy acá,
éste es el cerco
donde atajo mi rebaño de locuras.

Soy nómade todavía de la dicha.
Me voy y vuelvo
cansina
ya de amarte en las partidas.
Las uvas,
el vino chaguado de su pulpa,
rueda a una distancia lejana
a mis manos.

  
Soy el fruto de una flor
que no se abre.
Pujo hacia el sol.
Quiero embriagarme de ese polen,
amarillarme en las siestas
en las que el viento es nombrado
dios
por los niños
y adorado.

Sequía.
El cielo da otro guascazo
de arena caliente
y tiemblo.

Sequía.

 De “EL HUECO EN LA PIEDRA”

INFANCIA

Mamboretá
                   ¿dónde está Dios?
La pregunta lo inmoviliza,
dobla sus patas señalando el cielo
y en sus ojos sin pupilas
se oscurece el desvelo.
Mamboretá
                   ¿dónde está Dios?
Y el instinto alerta,
                   aguzado,
lo eleva sobre sus patas traseras.
Menea la cabeza.

Mamboretá
¿dónde está Dios?
Y ya es furia la de sus alas
mostrando los ojos de la no inocencia.

Ya no juego y sigo sin respuestas.

Pero otras tantas veces
juego con los insectos
y no pregunto.

EL HUECO EN LA PIEDRA

Toda mujer es un hueco en la piedra,
mortero donde el maíz hace su entrega
y el algarrobo destila su licor de aromas.

Es el hueco en la piedra paridora
y un círculo de pujanza
midiendo el sexo del mundo.

Y toda mujer es un volcán de quemazones
con lavas de lágrimas en las rabias.

Es el hueco en la piedra de los ríos,
relamido por siglos de torrentes.
Es la cueva
y el fuego
que amanceba nuestra arisca crudeza.

Y toda mujer es una puerta
con el aire fresco abriéndose camino.

Mortero, cueva, piedra paridora,
volcán, puerta, vientre de los ríos …
mi madre me dio la vida,
-herencia creadora-

en un hueco
en el vacío.

 LA CASA

Pude irme,
alquilarle los pasos,
venderla.
Pude destruirla,
arrancando las historias de los muros
como si fueran un empapelado viejo.

Y hacerla de nuevo

-negarme el corazón,
inquilina de la vida-.

Sin embargo, elegí ser en ella
llena de escurridizas imágenes
que se cuelan:
el despertar con el aroma del mate cocido,
el gallinero al fondo
y el tiempo de hacer los nidos a las cluecas,
el patio impregnado a kerosén en las navidades,
el limonero goteando su frutal junto a la higuera
y un fuentón de empanadas
para los domingos de multiplicados peces.

Esta casa es una sábana vieja
-rotura y parche-
pero cuánto de mí se conserva
que no pude seguir siendo
sin serla.

 De LA TIERNA FEROCIDAD DE LOS DÍAS (inédito)

TRÍPTICO DE LA TIERNA FEROCIDAD DE LOS DÍAS
I
Camino en la noche
entre ladridos de perros atolondrados,
como si mis pasos hicieran temblar la tierra
o peor aún, como si la tierra hiciera
atronar los pasos.
Llueve aquí
(hace días que llueve)
y ya es molesta la humedad en los zapatos,
en las derrotas,
 en la mañana próxima
gris
sin pájaros.
Llueve -les digo,
y los perros se calman.

Hay un pedazo de mi sombra que no figura en la acera
y se ha ido a acariciarles el hocico mojado.

II
De esta ciudad recuerdo sus perros
gigantes, obesos,
multiplicándose en las esquinas,
tremendamente mansos.

Nocturnos perros recorriendo los puestos de comida barata
o entre las blancas botas malolientes de los carniceros
o esperando pacientes las sobras de los platos.

Todos los alimentan,
los carniceros les tiran huesos y grasas,
en la vereda los puesteros los sobrantes de frituras,
en los barrios, las familias, restos de guisos y fideos con salsa.

De esta ciudad recuerdo sus perros obesos.
Todos los alimentan. 
Todos los matan.
  
III
Llueve impiadosamente.
Somos unos perros que han huido de su hogar sin quererlo, 
aturdidos por las bombas de estruendo.
Todo nos asusta. 
También la mano que se estira para calmar nuestra temblequera.
Yo quizás le gruña y tú pongas un intento de coraje sobre el lomo
en un erizo de pelos.

Somos esos perros ateridos que deambulan por las veredas
reclamando dueños. 

Pero a la noche, 
enroscados uno en la soledad del otro, 
dándonos un calor que no tenemos, 
tal vez reconozcamos el aroma de esa casa, 
de ese cariño
y dormidos soñemos que nos pertenecemos.
  
Estoy con mis pasiones entre las manos,
arrancadas de la sangre,
                      incontenidas,
como si fueran lombrices extirpadas de la tierra
yerma
o podrida.

Estoy, digo, sosteniendo las pasiones
como lombrices que se escapan de los dedos
sin saber
detrás de qué postigo,
en qué nueva simiente,
debajo de qué luna creciente
enterrarlas.
 Alguien,
algo me dice que es un tiempo nuevo
y debo
otra vez
  cambiar las máscaras.