jueves, 10 de octubre de 2019

ENTREVISTA A LA POETA ANDI NACHON (BUENOS AIRES)

ESCUCHA EL AUDIO:https://www.youtube.com/watch?v=_gCsvO5D5BE


POETAS ARGENTINOS - ENTREVISTA: CLAUDIA AINCHIL. PRODUCCIÓN CAMILA SUNICO. OPERACIÓN TÉCNICA: BCN RADIO. LOS MIÉRCOLES DE 20 A 21 HS. POR LA RADIO DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LA NACIÓN

ANDI NACHON (BUENOS AIRES)


 (de Goa, 2003)
lady
Tal vez porque apostamos a esas
cuestiones elegidas pero también
las dos o tres fatalidades y todo
el staff que nos soporta. Hablo de esa bolsita
flameante de polietileno, cómo protege
a la chica ucraniana
cuando cruza en la lluvia
la avenida y arrastra
el changuito de café. Ciertos asuntos: cómo esta mujer
llama belleza
a un perro tuerto.


(de Plaza Real, 2004)
Santa Lucía: hospital de ojos.

– Santa Lucía, déjanos ver.– Aquí donde esperamos todos
mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más
de cincuenta números antes, aquí, Santa
permítenos en la espera – a mí, a los otros– cierta dignidad en bordes
poco limpios inhóspitos
rincones éstos de la pública
salud y heridas

por trabajos varios, soldadoras o astilla
que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí
ver claro cómo
esto alcanzaría para todos. A la espera con números
imposibles del cien al dos
diez cuánto
habrá más que esperar para ver? Alcanza con  el verde

pleno de febrero y alcanza para más
éste estar acá. Guardia
médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo
sangrante del hombre viejo. Son de fajina
sus pantalones y uniforme, aquí
donde también él
tendrá sus sueños cuando espera y vos
al lado le tendés otro pañuelo. – ¿Es rojo

esto que veo? ¿Tiene el dolor
algún color?– “Santa Lucía, que estás aquí
hecha por nosotros – para nos– los que en fila
esperamos qué salvación: déjanos ver un probable
tiempo para todos
donde también este penar
tenga su sitio sin apostar al empuje
del otro para hacer lugar.” Y hay algo

definitivo de barco hundido aunque alcance
el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro
ser nosotros y así
la luz completa de febrero
no se opaque ni se sostenga más
esa regla del pobre
para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

cuando no estamos ahí
donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya
justificar. Lavandina más espadol, el alfajor que la nena
come inquieta en un rincón. Ciento
sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros
de la impaciencia al fastidio porque nada
logra a veces ligar en dolor, ni siquiera
cierta redención. – Pero estalla afuera esta mañana
única de febrero, cualquier posible
caminata al sol, el mismo aquí, en esa

clínica privada siempre aséptica y no
la salud no se paga
no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.– Santa
Lucía Santa, recuérdanos que nosotros
y los otros igual moriremos. Y alcanza
con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía
ser suficiente aunque la madre
da un bofetón a la nena, en esta calma chicha
tan parecida a sala previa
del huracán que borre toda

espera pero no. Vos
aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena
sino que a ver

vinimos aquí lucía: solamente a vernos, los unos
en los otros ya que éste
espacio alcanzaría para todos
cuando casi esa mano
del hombre herido sobre el hombro
blando de su chica alcanza
también estas entrañas, Lucía aquí
vos despierta con nosotros.
(de 36 movimientos hasta, 2004)

Almita, levántate. Como si  pudieras
bajar el volumen, acallaras tumultos
para que no doliera, no se alcanzara ese
umbral donde todo
hace dolor. Almita: un tiempo
para que vos no seas, pierdas el péndulo
firme del juego,  su cláusula roja
“todos hacen
lo poco que pueden”. Pasemos de ello
más claramente, pasemos por esto. Almita qué cosas
negocian los días. Digamos querida
no existe clemencia
en voces pequeñas, mi vida mi alma
celebremos ciruelas
damascos y peras. Decía, almita, un tiempo
para que no seas, el minuto donde todos
hacemos
este poco que resta.

(de Volumen I, 2010)
La cura: es viernes, estoy enamorada.

Una estrella el aloe en tu terraza
permanece firme su constelación voraz: crasas
cactus y cactáceas
abiertas a la tarde en dignidad. No hay

altruismo para el día a día, la helada o el viento norte en su caída
aunque ya todo sea resto –plusvalía– suavemente florecida

su incomodidad. De ahora en adelante buscarás
ligereza, liviandad
machacando a la manera de esos globos
fiesteros que al ascenso vemos a lo lejos
volar liberados por otros quién sabe hacia dónde

con augurios de buena fe o sencillamente
cierta felicidad. Más preciso: esos que aman

a la persona correcta y lo saben o mejor
todavía quienes aman
incorrectamente lo saben y deciden
amar igual. Criaturas raras

estas flores carnosas: rosas intensos, ásperos violáceos y espinas
claro que flores al fin, flores igual. Su aparición inesperada
este corto trajinar. Cada tarde

un final con su principio
el atardecer al oeste siempre y definitivamente
la pérdida resulta simple y a perder se aprende. Caerán las flores
algunas damas caerán: algo manchadas
al piso y despatarradas. Pero este viernes

mejor elegir ese instante del alóe
brillante contra las sábanas aireadas
su sincronización ordenada: tanta fe
para mantener una estación, esta temporada.

(de La III Guerra Mundial, 2013)

Soy buena copiloto, aunque no lea mapas y pasen
los carteles a la velocidad de la luz

nunca me duermo ni dejo solo
al conductor con su magia
en avanzada constante. Soy

buena copiloto y ya: desde los cuatro lo sé y cada
viaje o este único
largo viaje interminable

con su movimiento marcan
su propia realidad. Cuando fui chica la familia
nucleaba en su chevy naranja
el terror de la huida. Ahora

como toda copiloto sé
no hay viaje sin fuga y nada hay
que no haya
empezado en algún dolor.

                                                                                                          (de Viernes de chicas, 2016)

De un lila deslucido, sorprendentemente tenue, irrumpe esta minucia
estalla en pétalos y de vuelta
te trae a mi lado. Caminábamos por Combate cuando el aire
todo perfume se hizo presencia tangible y vos dijiste “un paraíso

como el de casa, en el jardín”. Solamente en tus palabras
veré ese fragmento de pasto, la familia canina o vos
y tu cara que sé
sonriente al teléfono al sostener “algo

de esto aprenderé”. Zorro viejo yo, en aprendizajes
no tengo tu fe y desconfío
tozudamente de cualquier dolor. Sólo estalla, en himno el mismo paraíso y pienso
en esa casa que no,

no conoceré. De repente visibles, por todos lados, estos árboles altos
flores minúsculas y la verdad filosa de ese aroma
que una tarde nos unió.  Morita me mira y pregunta si estoy triste
Uñas violetas, minúsculas: sacudís diez dedos
en alegría desnuda
la nena que hay en mí no puede
más allá del único deseo: buena fortuna

para el baño japonés que propicia nuestro encuentro. Minúsculas
tus uñas violetas poco saben
más allá de esto
agua tibia, espuma y vos
decís burbuja. Me río y te llamo manatí

así todavía en mí, la nena
de amor poco supo y menos del ejercicio
que ser amada implica. Entrenamiento
este chapoteo: pataleás feliz el agua tibia

tu cuerpito sobre mí todo sonrisa. Violetas
las uñas de tus pies, las de mis manos
violetas también. Nunca tan cerca
nada antes y nunca tanto el riesgo. Asciende vapor

al ritmo frágil de la canción: uñas violetas gritás de nuevo
media lengua compartida una
otra otra vez y así
para vos este único deseo: amor suceda siempre
a cada encuentro.

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